viernes, 5 de septiembre de 2008

Entrevisto a Francisco Javier Illán Vivas


Francisco Javier Illán Vivas (Molina de Segura, 20 de octubre de 1958). Criminólogo. Subdirector de vegamediapress.com. Dirige la bitácora de Ágora, papeles de arte gramático.
Ha publicado Con paso lento, Nausícaä, 2003; La Maldición, 2004; primera entrega de La cólera de Nébulos; Dulce Amargor, 2005, editado por el Ayuntamiento de Molina de Segura; Crepusculario, Loto XII ediciones, 2007; y El rey de las Esfinges, Loto XII ediciones, 2008.
Sus poemas han aparecido en dos antologías: II Jornadas de poesía sobre el Segura, 2007, editado por la Asociación Cultural Pueblo y Arte, de Cieza (Murcia); Tertuliemos I, 2008, del grupo poético Tertuliemos.
Sus relatos y cuentos han aparecido publicados en diferentes antologías: Con la pluma a cuestas: catorce escritores desde La Rioja, Dossoles, 2004; Cuentos, Ayuntamiento de Molina de Segura, 2006; y en las revistas Ágora, papeles de arte gramático; MiasMa, Lunas de Papel, CuentaMolina, Revista destiempos, y Entrelíneas, entre otras.
En Internet sus poemas han aparecido publicados en Revista Literaria Baquiana, Revista Literaria Remolinos y Protheus, entre otras.
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¿Cómo eligió el título de Crepusculario para su último libro de versos, sabiendo que Neruda también lo utilizó?
Cuando terminé Telón, el último poema, y los leí todos en su conjunto, no encontré otro título más apropiado para esta composición de versos donde el poeta se desnuda ante el lector. Es es un libro donde intento mostrar la luz desde que raya el sentimiento más profundo, incluso más doloroso, hasta que sale el Sol.
Sé que Pablo Neruda utilizó esa misma palabra para titular uno de sus libros, pero aún ahora, más de un año después, ningún otro título hubiese podido definir tan apropiadamente lo que contiene este libro de poemas.



¿No le importa que lo puedan comparar?
Eso es imposible, aunque halagador. Neruda es el poeta más leído, junto a García Lorca, por sus obras 20 poemas de amor y una canción desesperada y Romancero Gitano, respectivamente. No, no me importa que me puedan comparar, por que tal comparación no tendría sentido.
Es más, no soy el único. Por ejemplo, Belmonte Serrano tiene previsto publicar un libro con este mismo título.


¿Qué es para usted ser poeta?
La crítica ha dicho de este libro que contiene versos de gran cadencia y ritmo, llenos de variadas resonancias musicales (José Cantabella). Un poeta es un compositor, o más aún, un pintor: un pintor de palabras.


¿Se siente poeta?
Sí, aunque aún no domine bien los pinceles.


Además de poesía, escribe novela, cuentos, crítica literaria. ¿Dónde se siente más a gusto, más en su salsa?
La poesía es una necesidad, escribo poesía casi todos los días; la narrativa es un placer, sobre todo relatos. Me encanta crear mundos oscuros, atmósferas de intenso e inexplicable pavor a fuerzas exteriores y desconocidas, dejar asomar imprecisos seres que resulten terribles para el cerebro humano, como apuntaba el maestro Lovecraft. Busco ese punto de suspensión o trasgresión maligna y particular de esas leyes fijas de la naturaleza que son la única salvaguardia frente a los ataques del caos y de los demonios de los espacios insondables, en donde él y Poe, incluso Robert E. Howard, eran consumados genios.
Nunca olvido un ensayo de Lovecraft, que comenzaba diciendo: la emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido.
La crítica literaria me ha servido para conocer muchos matices, muchas voces, que no están en las mesas de novedades famosas, pero que me han ayudado, y me ayudan, a crecer como lector, como escritor, como persona. Si no fuese por Acantilados de Papel, por ejemplo, no hubiese conocido a muchos autores y autoras que merecen la pena ser leídos y que, por ser de aquí cerca, muchas veces casi vecinos nuestros, no suelen aparecer en la pasarela del gran escaparate literario.


¿Cómo ha terminado siendo poeta?
Siempre he sido poeta. Me recuerdo siempre con el lápiz a cuestas, como se denomina una de las antologías en las que he participado. Aunque mi recuerdo más persistente es un cuento que la maestra de turno me rectificó, y que calificó despectivamente como de “soñador”, una calificación que, con el tiempo, ha sido muy apropiada.
Pero como le decía, entre mis manuscritos hay miles de poemas, y muchos otros miles que se han perdido en diferentes traslados de domicilio.
Y si me quedaba alguna duda, la publicación de una selección mis poemas en la prestigiosa revista literaria Baquiana, me ha abierto muchísimas puertas y compuertas, encaminando el caudal de mi creación especialmente hacia la poesía.


¿Qué intención tenía agrupando los poemas en cuatro capítulos? ¿Qué nos quería contar?
Crepusculario es la narración de hechos biográficos muy concretos, que no hay por qué citar en este momento.
Hay cuatro partes: Escenario, Crepusculario, Albolario y Telón. Y, en ellos, una casa, o incluso la tierra sobre la que está fija, la metáfora que espero descubra el lector.


El primer poema ”no entres aquí”, suena a amenaza. ¿Es una buena manera de comenzar un libro?
Este libro sí. Lo digo en los últimos versos: ...si entraras/ las palabras serían/ piedras arrojadas al agua... Y todos sabemos qué ocurre cuando una piedra es arrojada a la superficie del agua.


¿Qué hay de “la rubia”?
La rubia de cabellos de nata es otra metáfora, creo que afortunada, para rematar la primera parte del poemario y, terminando de situar al lector, dejarle el paso expedito hacia Crepusculario, donde encontrará que nada es fijo en este mundo.


Así que comienza el libro acompañado de una rubia y rodeado de recuerdos.
La rubia es especial, como especial son sus espumosos cabellos de nata. Y sí, rodeado de recuerdos, pues, como ya he dicho, hablo de hechos biográficos concretos, y relativamente recientes, no mas de dos años.


Es como si se dispusiese a poner orden y hacer balance de determinados momentos de su vida y, en la segunda parte, Crepusculario, ¿entra en el núcleo o razón de su libro?
Lo ha comprendido. Crepusculario, la segunda parte, es el alma de este libro. Desde Fachadas derruidas, donde todo aquello que creía fijo, seguro, es ahora un paisaje de guerra, y a donde, el poeta entra, sabiendo que sólo el amargo recuerdo encontraría.

Me llama la atención que en el poema “memoria amarga” hace mención a una canción. Hablemos de ella.
El poeta invita al lector a entrar con paso lento en ese mundo de fachadas derruidas, de cimientos indecisos, cuando no inexistentes o hundidos, y también de dolor. Robert Fripp dijo que por desgracia, la frustración y el sufrimiento interior es lo que hace tener más creatividad en cualquier tipo de expresión artística, y este libro se identifica mucho con el esquizofrénico “21st. Century schizoid Man” , de King Crimson.


Esto es una opinión muy personal. Toda esa segunda parte de Crepusculario está teñida de odio. ¿Odia? ¿Duele?
Ya no. Un concreto día de diciembre, de hace dos años, hubiese contestado de otra forma. Pero la propia catarsis que representó escribir estos poemas y, sobre todo, cuando leerlos en voz alta en la Universidad de Murcia, me alejaron de esos hechos, dejándolos atrás, en el pasado.


Me da la sensación de que aprecia más la tierra que a los que vivían en ella.
Como le decía, hay en este libro una gran metáfora. Para mí era y es muy importante la seguridad de lo que piso, del entorno que me rodea. Y a quienes vivían sobre esa tierra, por los motivos que los versos nos dejan entrever, no.

¿Entonces hay una recriminación a las personas?
Este poemario fue escrito cuando era infeliz, incluso conmigo mismo, y en ese ambiente, miré el mundo que me rodeaba, y me sentí mucho peor.

Llegados a este punto del libro, es como si nos hubiese permitido asomarnos a sus sentimientos más íntimos, los inconfesables, y verlos al desnudo. ¿No siente pudor por ello?
Ninguno. No hay ningún sentimiento inconfesable, pues los que están lo están confesados. En toda mi creación poética hay mucho de mí, o de quienes me rodean. No tengo más que remitirla a Dulce Amargor.
En Con paso lento ya me desnudé ante los más de mil lectores y lectoras que compraron el libro. Y no soy el único, hace unas fechas terminé de leer un enorme libro de poemas: Alimentos de la tierra, de Pascual García, cuya lectura, de poemas con un enorme contenido existencial, me ha dejado hondamente satisfecho.


Albolario lo siento más distendido. Como una de cal y otra de arena. Y aún así, tengo la sensación de que culpabiliza a algo o a alguien. ¿Acierto?
El esta tercera parte del libro ya empieza a salir el sol, aunque el poeta, en Solía buscarte, sigue buscando a quienes consideró sus cimientos. Hoy, cuando lo vuelvo a leer, sé que cambiaría los últimos cuatro versos por otros, pero eso lo haría hoy, no cuando lo escribí, alrededor de las cuatro de la mañana de una interminable noche de insomnio.
En esta tercera parte también regresa la rubia de cabellos de nata, aunque el poeta nos cuenta que acaba de dejarla, pues no le ha complacido... y es más, clama por abortar todo cuanto represente seguir viviendo como vive.
Si el poeta culpabiliza a alguien, debe ser a él mismo, por ser calcado a alguien que no termina de descubrirnos.


En Telón lo he sentido muy acertado. Es claro, mi opinión como lectora. Creo que sí he tenido clara la sensación de que cae un telón y cierra este trecho de camino vivido.
En efecto. El poeta nos confiesa que desea ver la realidad más allá de sus pupilas, aunque no deja de temer lo que ha de depararle el incierto futuro en un mundo que agoniza, y se aferra a recuerdos, algo que ha estado presente en todo el libro, que le son agradables, como esa cita a su anciana abuela con el pelo recogido en moño.


¿Lo celebra?
Por supuesto, además, escuchando el ruido de un tapón salir de cuello de una botella. Tan silencioso, y tan ruidoso. Incluso en este escenario que ahora estamos, tomando un café en esta acogedora cafetería, cuyo nombre no podía ser más apropiado, Alba.


Para cuándo estará el próximo Telón arriba? ¿Qué nos va a poner en el escenario?
En un par de meses presentaré El rey de las esfinges, la continuación de las aventuras de Eleazar y Eóstes, de Nébulos y Carmesí, que coincidirá con mi cincuenta cumpleaños. Nunca se puede decir de esta agua no beberé, pero creo que no regresaré a aquel escenario, sino a otro muy diferente.
Los poemas que ahora escribo están teniendo cierta unidad hacia cosas que sólo suceden junto al mar, en el tiempo en que vivimos, cuando ese mar puede convertirse en un monstruo devorador de tierra, debido al calentamiento que nuestra adicción al CO2 está provocando.


Ha sido un placer.
Lo mismo digo.

1 comentario:

Francisco Javier Illán Vivas dijo...

Sólo puedo decir que gracias por la entrevista, por tu interés siempre por mi obra literaria y por la enorme difusión que le has dado a ella.

Saludos
PD: En la pregunta de ¿entonces hay una recriminación a las personas? hoy hubiese añadido una cita de Pavese: llega un momento en el que sólo sentimos hacia quien nos ha perseguido indiferencia, cansancio por su estupidez y entonces perdonamos.